La ISS en la cuerda floja: una paseo espacial revela las grietas de una estación que envejece
Misiones
A bordo de la Estación Espacial Internacional, el tiempo pasa factura. Mientras los astronautas se preparan para una nueva salida al exterior, un panel independiente de seguridad lanza una advertencia que no puede ignorarse: los márgenes para operar con seguridad se han reducido a niveles que ellos mismos califican de «alarmantes». La ISS, ese símbolo de cooperación humana en el cosmos, se aproxima al final de su vida útil con más remiendos que nunca... y con la tentación política de recortar el presupuesto justo cuando más se la necesita.
La paseo espacial número 280: reparar el brazo que lo sostiene todo
Los astronautas de la NASA Jessica Meir y Chris Williams tienen previsto realizar una actividad extravehicular el 30 de junio de 2026, con una duración estimada de seis horas y media. El objetivo es único pero de máxima importancia: reemplazar una junta defectuosa en el Canadarm2, el brazo robótico canadiense que actúa como columna vertebral operativa de la estación.
El problema se detectó el mes pasado durante operaciones de rutina. Según Bill Spetch, director de operaciones e integración de la ISS en la NASA, el brazo no respondió como se esperaba: presentó una corriente de motor elevada y movimientos anómalos. Los ingenieros determinaron rápidamente que la junta de muñeca estaba fallando y que era necesario sustituirla con un repuesto ya disponible a bordo de la estación.
«Sistemas como el Canadarm2 fueron diseñados desde el principio con componentes reemplazables y se planificaron pensando en el mantenimiento. Esto no es una excepción», explicó Spetch durante una rueda de prensa celebrada el 25 de junio.
Esta será la paseo espacial número 280 en la historia del programa ISS, y no será la última en los próximos meses. Están previstas tres salidas adicionales a partir de agosto, destinadas a instalar componentes de un nuevo panel solar, reparar puentes eléctricos y sustituir una antena de comunicaciones. Una agenda de mantenimiento que, lejos de ser excepcional, refleja la nueva normalidad de una infraestructura que cumplirá 25 años de ocupación continua.
El panel de seguridad dispara las alarmas: márgenes «alarmantemente» reducidos
Más allá de la reparación técnica, lo que ha sacudido a la comunidad espacial son las declaraciones del Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial (ASAP), el comité independiente de seguridad de la NASA. En su reunión del 22 de junio, su presidenta, Susan Helms —ex astronauta y veterana de cinco misiones espaciales— no escatimó en franqueza.
«La gestión de repuestos críticos y suministros ha sido un desafío para esta envejecida estación. El margen para garantizar que los riesgos de la ISS se mantengan manejables se ha reducido a niveles alarmantes», advirtió Helms.
El comité mostró una preocupación particular ante la posibilidad de que la NASA sucumba a la tentación de reducir el presupuesto de la ISS antes de su retirada prevista en 2030. Helms reconoció que los responsables de la ISS en la NASA están haciendo «un trabajo sobresaliente» gestionando los riesgos, pero insistió en que ese margen se estrecha peligrosamente cada mes.
Las alarmas se extienden también a los trajes espaciales. Las Unidades de Movilidad Extravehicular (EMU) —los trajes con los que los astronautas salen al exterior— sufren los efectos del envejecimiento y de problemas en la cadena de suministro. Actualmente hay cuatro trajes operativos a bordo de la estación, y se espera que un quinto llegue este otoño. Spetch intentó rebajar la preocupación pública afirmando que «estamos en una posición excelente con los trajes», aunque el ASAP mantiene su vigilancia sobre un plan de extensión de vida útil que califica de «robusto pero necesario».
La fuga de aire en el módulo Zvezda: el riesgo más silencioso
Entre las preocupaciones de seguridad, hay una que lleva años sobrevolando la ISS sin resolverse definitivamente: las fugas de aire en el módulo ruso Zvezda, concretamente en una sección denominada PrK. El 5 de junio de 2026, la situación llegó a un punto de tensión inusual: la NASA ordenó a cinco astronautas —los cuatro miembros de la misión Crew-12 más el propio Chris Williams, quien llegó a la estación en noviembre pasado a bordo de una Soyuz— refugiarse en la cápsula Crew Dragon mientras los cosmonautas rusos intentaban realizar reparaciones.
Esas reparaciones, finalmente, no se llevaron a cabo. La NASA consideró que el procedimiento propuesto implicaba un «riesgo elevado» para la integridad estructural del módulo. El ASAP respaldó completamente la decisión: Helms calificó las fugas del PrK como «uno de los riesgos de seguridad más significativos» de toda la ISS.
A fecha de la rueda de prensa del 25 de junio, Spetch confirmó que el módulo se encuentra en presión estable, aunque deliberadamente reducida, mientras la NASA y Roscosmos trabajan conjuntamente en un plan de acción. Un detalle técnico también llamó la atención: el Crew Dragon permaneció configurado con un quinto asiento instalado específicamente para acomodar a Williams, que técnicamente no es tripulante de esa cápsula.
Una estación que no puede permitirse el lujo de ser olvidada
La ISS se construyó para demostrar que la humanidad puede vivir y trabajar en el espacio. Durante más de dos décadas y media ha cumplido esa promesa con creces. Pero el paso hacia la siguiente era —las estaciones comerciales, la Luna, Marte— no puede hacerse pisando sobre el vacío. Recortar el presupuesto de la ISS antes de que sus sucesores estén listos no es ahorro: es negligencia.
Con el año 2030 en el horizonte como fecha de retirada, cada paseo espacial, cada junta sustituida, cada traje mantenido en servicio es una apuesta por que la transición llegue a buen puerto. La advertencia del ASAP no es catastrofismo; es ingeniería de la realidad. Y en el espacio, ignorar la realidad tiene consecuencias que ningún presupuesto puede pagar a posteriori.
Fuente: spacenews.com