Mercurio seguirá siendo un enigma hasta que alguien envíe un módulo de aterrizaje

Astronomía
Mercurio seguirá siendo un enigma hasta que alguien envíe un módulo de aterrizaje
Foto: European Space Agency (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 igo)

La sonda BepiColombo, misión conjunta de la Agencia Espacial Europea y la agencia espacial japonesa JAXA, completará su inserción orbital en Mercurio el próximo mes, pero no comenzará a tomar datos científicos hasta abril de 2027. Tras ella, no hay ninguna misión en proyecto. Así lo señala el artículo publicado por el periodista científico Bruce Dorminey, en el que varios investigadores coinciden en que las principales incógnitas del planeta más interior del sistema solar no se resolverán sin un módulo de aterrizaje.

BepiColombo, único contacto activo con Mercurio hasta 2027

Mercurio es, de los planetas del sistema solar interior, el menos explorado. Los observatorios ópticos terrestres evitan apuntarle para no dañar su óptica con el resplandor del Sol. Las únicas misiones que han estudiado el planeta de cerca son el Mariner 10 de la NASA, que realizó tres sobrevuelos entre 1974 y 1975, y la sonda MESSENGER, que orbitó el planeta durante unos cuatro años tras su inserción orbital en 2011.

BepiColombo es ahora la única oportunidad disponible para obtener nuevos datos. Sin embargo, el inicio de sus operaciones científicas no está previsto hasta abril de 2027.

Después de BepiColombo, no hay nada sobre la mesa, afirmó Paul Byrne, científico planetario de la Universidad de Washington en San Luis, en declaraciones recogidas por Dorminey. Byrne considera que un módulo de aterrizaje es el siguiente paso natural en la exploración de Mercurio, aunque reconoce que se trata de una propuesta técnicamente compleja y costosa.

Un núcleo de hierro que ocupa el 85% del radio del planeta

Mercurio plantea tres grandes incógnitas científicas. La primera es su núcleo metálico desproporcionadamente grande, que se estima que representa alrededor del 85% del radio del planeta.

Dos hipótesis intentan explicar su origen. La primera sugiere que Mercurio se formó a partir de materiales ya ricos en metales desde el principio, a diferencia de planetas como la Tierra. La segunda plantea que el planeta era inicialmente mayor, con una proporción entre corteza, manto y núcleo más parecida a la terrestre, pero que grandes impactos arrancaron buena parte de su manto rocoso, dejando expuesto un núcleo de hierro anómalamente voluminoso. Así lo explicó Anne Pommier, científica del Carnegie Laboratory en Washington D.C. e investigadora del instrumento magnetómetro de BepiColombo.

La presencia de un gran núcleo metálico sigue siendo difícil de explicar; Mercurio desafía nuestra comprensión de la formación planetaria.

Byrne añade que se están encontrando evidencias de exoplanetas rocosos más masivos con núcleos de hierro gigantes, lo que abre la pregunta de si Mercurio es una anomalía o un resultado planetario más frecuente de lo que se pensaba.

BepiColombo's fifth Mercury flyby ESA504370
BepiColombo's fifth Mercury flyby ESA504370 · Foto: European Space Agency (Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 igo)

Campo magnético global y una superficie que se contrae

Mercurio y la Tierra son los únicos planetas rocosos del sistema solar con campo magnético global. En el caso de Mercurio, ese campo es aproximadamente cien veces más débil que el de la Tierra en su superficie, según los autores de un artículo publicado en 2024 en la revista Earth and Planetary Science Letters. El mismo trabajo señala que la magnetización cortical remanente apunta a una edad de entre 3.700 y 3.900 millones de años, lo que indica que el dínamo magnético funcionó desde los primeros tiempos del planeta.

Pommier explica que ese campo se genera en la parte líquida del núcleo mediante el movimiento continuo de material conductor, que produce corrientes eléctricas y, con ellas, el efecto dínamo. Aun así, ese campo no es suficiente para retener una atmósfera densa: Mercurio tiene solo una tenue exosfera compuesta por cantidades muy limitadas de oxígeno, hidrógeno, sodio y helio.

No basta con tener un campo magnético: hay que ser suficientemente grande para reponer una atmósfera y estar suficientemente lejos de la estrella para que el viento solar no la elimine.

Byrne señala que Mercurio está relativamente cerca del Sol y recibe una intensa presión del viento solar. Pommier añade que hay evidencias en la superficie de que el planeta se está contrayendo, un proceso posiblemente relacionado con el enfriamiento del núcleo, aunque no está bien comprendido.

Grafito superficial y un estudio de concepto de lander con diez años de travesía

La tercera gran incógnita es un material de baja reflectancia que cubre grandes áreas de la superficie de Mercurio. Según Pommier, este material podría contener carbono endógeno, como grafito, y aparecería tanto en superficie como en el subsuelo, oculto bajo capas de otros depósitos en algunas cráteres. Una hipótesis sitúa su origen en la cristalización de un océano de magma en los primeros tiempos del planeta.

Byrne apunta que ese grafito podría ser el residuo de una corteza primitiva rica en carbono que cubrió el planeta y que fue progresivamente enterrada, removida o expulsada al espacio por impactos y vulcanismo.

La conexión con los meteoritos terrestres añade otra capa de interés. Pommier indica que no hay meteoritos de Mercurio confirmados oficialmente en la Tierra, aunque varios estudios han sugerido que algunos, como las condritas de enstatita, podrían proceder del planeta. Un aterrizaje y un análisis químico in situ permitirían saber qué buscar en las colecciones actuales de meteoritos, según Byrne, que no descarta que ya haya fragmentos de Mercurio sin identificar en esas colecciones.

El principal obstáculo es la energía necesaria para el viaje. Descender al pozo gravitacional del Sol exige un cambio de velocidad mayor que el necesario para enviar una sonda a Plutón. Un estudio de concepto de misión de la NASA de 2020 calculó una fase de crucero de diez años, con aterrizaje previsto unas 30 horas antes del atardecer mercuriano para operar durante la noche del planeta, que dura 88 días terrestres. Sin atmósfera, el módulo dependería exclusivamente de retrocohetes para aterrizar, en un planeta cuya gravedad es aproximadamente el doble que la de la Luna.

Fuente: www.universetoday.com